JUANA GONZÁLEZ

EN BUENAS MANOS

Por Javier Díaz-Guardiola*

“Echar una mano”; “de primera mano”; “a manos llenas”; “lavarse las manos con algo”; “irse de las manos”, “mano a mano”… Es curioso la cantidad de expresiones idiomáticas que, en el español, protagonizan esta parte anatómica de nuestras extremidades superiores.

Ahora podríamos jugar a crear un nuevo neologismo “de la mano” de Juana González (Puertollano, 1972). El título elegido para esta primera exposición individual en ARMA Gallery, fijado mucho después de haber concebido los contenidos de la misma, con buena parte de las obras ya acabadas o a punto de ser rematadas, es “Manos de hacer”. Asignémosle el significado de “maneras de hacer”. Porque Juana no es de esos artistas a los que les guste soltar grandes parrafadas cuando le preguntan sobre su trabajo, sino que prefiere escuchar de los demás lo que este les sugiere. Y algo muy recurrente que suelen indicarle cuando aquello sucede es la gran presencia de las manos en sus propuestas. Lo que viene seguido de dudas respecto a su significado.

La primera sorprendida es ella misma, puesto que no remiten a nada en particular, pero sí que es verdad que están muy presentes. Fíjense, por ejemplo, en “Narciso”, la obra de mayores dimensiones de esta cita, y niéguenme que no es en sus brazos oferentes en lo primero que reparan. O en todas esas extremidades que descansan sobre los hombros de sus “Apoyos”. A la propia artista quizás le llamaría más la atención el hecho de volver de nuevo, de manera recurrente, a la cuestión mitológica o a las referencias de la pintura clásica en lo suyo. Y oigo de su boca (los trae siempre “entre manos”) el nombre de Velázquez o el de Juan de Juni (¡dejemos ya “a trasmano” a Neo Rauch!), mientras me muestra sus últimos resultados. En este caso específico, la monumental pintura es una alabanza a la juventud, un reclamo a la espera, con las manos aquí en forma de cuenco esperando que el agua -otro recurso familiar en esta pintora- caiga y las llene.

Reparamos en las manos incluso en ese otro cuadro que lleva por nombre “Pelo”, pues aparecen en forma arbórea desde su parte inferior. Y unas manos (un detalle del lienzo “Abrazo”) sirvieron para ilustrar el catálogo de “Entremos más adentro en la espesura”, exposición en la Sala de Arte Robayera, en Miengo, hace algunos años. Asimismo, ‘Manos’ (la obra no podía titularse de otro modo), de 2024, sirvió para homenajearla como artista invitada en la feria MARTE.

No cabe duda de que los rostros de Juana González pueden parecer contemplativos. No sabemos -la pintora nos da libertad para así pensarlo- si son los suyos personajes reales o habitantes de un mundo de ensueño o duermevela que empieza a perseguirnos; de ahora o de otro tiempo. Pero sí que es cierto que estos aportan más información sobre ellos mismos o sus intenciones a través de sus manos. Y eso lleva inevitablemente a pensar en las suyas propias, origen y fin de todo lo que contemplamos: las “manos de la artista facedora”, o la “mano del artista” que imprime un estilo, unas formas: “Sigo reflexionando -explica- y “Manos de hacer” no solo hace referencia a mis personajes, sino también a las manos del creador. Esas que tienen la capacidad de materializar en obras el pensamiento de un autor. Que tienen la habilidad de manejar el elemento, en mi caso el pictórico, y extraer de él todo su potencial. Las manos que manipulan la pintura y la transforman en un transmisor de pensamiento y emociones”.

¿Y qué podemos decir de esa “buena mano” que se da Juana González para trabajar? ¿Acaso no es evidente un cambio en el estilo en una forma de proceder en la que siempre ha primado un extrañamiento en el uso del color, una pincelada enmarañada, unas composiciones agitadas y complejas, una energía inusitada que conecta directamente con la manera de funcionar del inconsciente? No en vano, su próxima gran primera exposición institucional en Madrid, en CentroCentro, que se solapará en el tiempo con esta cita, llevará por título “Indómita pintura”.

La artista toma aire y se confiesa: un cambio en los soportes, un salto del lienzo al lino, aporta mayor espontaneidad y expresionismo a los resultados. Ya no es tan necesario “sobar” tanto las superficies, y el pincel o la brocha, conectados al cerebro por el brazo -y, ¿cómo no?, por la mano- se desplaza con libertad sobre la planicie del cuadro, con superior rapidez, como lo hacen nuestras ideas o nuestro sueños por la cabeza sin que nos dé tiempo a colocarlos en orden. Es esa intuición que por fin podemos decir que enlaza con precisión en la propuesta artística de esta pintora. A partir de aquí, déjense sugestionar por los títulos y busquen una lectura personal a unas pistas que Juana González disemina a lo largo de la sala, en los más variados formatos, a modo de migas de pan. No teman perderse o equivocarse. Están en buenas manos.

*Javier Díaz-Guardiola (Madrid, 1976) es periodista, comisario de exposiciones y crítico de arte. En la actualidad es coordinador de ABC Cultural (Diario ABC), redactor-jefe de ABCdeARCO y autor del blog de arte “Siete de un golpe”

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