ROMERÍA
AGUS DÍAZ VÁZQUEZ - Huelva, 1987
Hay algo en la obra de Agus Díaz Vázquez que no está hecho para entenderse del todo.
Más bien pasa al revés: primero se siente, y luego (si acaso) se intenta entender. Desde ahí, Romería propone acercarse a su trabajo no como algo que hay que descifrar, sino como algo que se va recorriendo.
Esta forma de trabajar tiene mucho, o todo que ver con las referencias que están en el universo de Agus, donde lo importante no es lo que se muestra del todo, sino lo que se intuye.
En Seda, por ejemplo, lo esencial nunca se dice completamente, pero está presente todo el tiempo. En El manantial de Federico García Lorca aparece esa sensación de reconocer algo sin poder explicarlo “mi corazón no entiende nada” que se siente muy cercana a la experiencia de esta obra.
También están estas figuras de lo popular, como la marimanta, que no terminan de tener forma clara, pero están ahí, generando una presencia difícil de definir.
Y luego están dos cosas que para mí terminaron de amarrar todo: la romería y la estrella.
La romería entendida como ese camino que se recorre sin tener claro el destino, pero con la certeza de que existe. Y la estrella, en la canción de Enrique Morente, no como algo que te explica el camino, sino como algo que te guía sin necesidad de entenderlo.
Desde ahí, el título no es decorativo. Es la forma en la que se logró sostener todo el proyecto: avanzar sin ver del todo, pero seguir igual.
Esto permite alejar la obra de lecturas obvias o descriptivas y llevarla a un lugar más difícil de explicar, pero mucho más cercano a la experiencia.
Más que explicar las piezas, lo que busco es abrir una forma de estar frente a ellas.
Comisariado: Letma Elvira